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Cinco tesis sobre el “procés”

[Originalment publicat a la revista Mientras Tanto en el número de desembre de 2019]

Llevamos ya unos cuantos años viendo como la política catalana, que influye en la española, está subsumida en el llamado procés de independencia. Las acciones políticas, los discursos, las relaciones de fuerza… todo se mide y se conceptualiza según los parámetros del procés. Después de todos estos años y llegados al momento actual, creemos que es un buen momento para exponer brevemente unas tesis medio explicativas y medio interpretativas del susodicho proceso.

Primera tesis: el procés como desviación de las protestas sociales

Se acostumbra a decir —quizás ya es por todos aceptado— que el proceso de independencia es y ha sido un manto que ha tapado problemas y también protestas sociales. En efecto, hacia 2011, un año después de la gran manifestación de repulsa a la sentencia del Estatut y un año antes de las elecciones anticipadas convocadas por Mas en las que se presentó como un mesías, estalló el movimiento 15-M, que en Cataluña, en junio de ese mismo año, llamó a “rodear” el Parlament. Cabe recordar que el día en que se convocó esa concentración el Parlament debatía los presupuestos de austeridad… y también que el presidente Mas llegó en helicóptero al hemiciclo. Sin duda, unas protestas que un gobierno de derecha de orden no podía permitir.

Aun así, quizás no prestamos demasiada atención al hecho de que la forma de ignorar las protestas sociales no fue tanto taparlas como desviar la atención hacia otro tema. El procés nació como una forma de recoger el descontentamiento popular, que desbordaba a la vez por la multitudinaria manifestación de julio de 2010 y por las acampadas “indignadas”, y reconducirlo, de tal forma que las ansias independentistas y las excusas que señalaban a Madrid fueran preponderantes. La voz independentista se amplificó y se acogió como la voz de las protestas sociales, a la vez que se acalló lo que podía llevar a indignación popular descontrolada, notablemente la crítica a la profunda corrupción que empezaba a emerger en la derecha catalana. Es un ejemplo de ello la llamada “Consulta sobre el futuro político de Cataluña 2014”, aquella especie de referéndum —que se cuidó mucho de no ser designado como tal— que incluía una doble pregunta. Pues bien, activistas y movimientos sociales, que empujaban hacia la soberanía popular —a veces por la vía ciertamente de la independencia—, en realidad pretendían hacer un “multireferéndum” en el que se decidiera democráticamente sobre cuestiones de derechos sociales. Evidentemente, nada de esto fue aceptado e incluso se podría decir que en aquellos momentos ICV-EUiA discutió más sobre el redactado de la doble pregunta de esa consulta que sobre el contenido de la misma en relación a las condiciones socioeconómicas de la población.

Segunda tesis: independentismo y “procés d’independència” no son lo mismo

Al ver las encuestas de opinión, se observa que la población independentista en Cataluña ha representado siempre en torno al 15% de la población. La mayoría de la gente, al ser preguntada por la preferencia territorial respecto de Cataluña, se situaba o bien en la autonomía o bien en el federalismo. Pues bien, con la sentencia del Estatut eso cambió. El independentismo creció enormemente y se activó para presionar a los políticos. Su punto de partida fue quizás la manifestación de repulsa a la sentencia del Estatut de 2010, ya mencionada, que se convirtió de facto en una manifestación independentista. Tomó una fisonomía y una magnitud inesperadas. Se trataba de un sentimiento popular legítimo, en cierta forma una expresión de soberanía.

El punto de partida del procés, por otro lado, son las elecciones de 2012, donde Convergència i Unió, con el lema “La voluntat d’un poble” y una foto de Mas con los brazos abiertos, se apropió de ese sentimiento de independencia, le dió una forma institucional para poder controlarlo y, como hemos visto en el apartado anterior, evitar que se conviertiera en un auténtico movimiento de protesta que se dirigiera contra el gobierno. Pero lo que Mas inició no es el movimiento de independencia en sí, sino una estrategia política de relación con el gobierno central que recurre simbólicamente a la independencia. Dicho de otra forma: lo que ocupa los titulares de los diarios, lo que siempre vemos sobre la independencia, no es el independentismo como tal, sino la confrontación entre dos gobiernos, el catalán y el español, que ponen los recursos que tienen a mano para intentar cambiar su relación de fuerzas.

Esta segunda tesis —que debe entenderse conjuntamente con la primera y la quinta— afirma, pues, que el procés es la conducción (o sea, el mismo proceso en sí) de ese sentimiento de independencia, la dirección (o sea, la estrategia) de los movimientos tácticos que se justifican en la independencia. Ilustrándolo con las metáforas marineras que tanto se pusieron de moda, el objetivo real no es llegar a Ítaca, sino toda la odisea que hay en medio, que se representa a conciencia con pasión y como éxito. El procés, y con los años lo hemos visto, ha acabado cooptando el movimiento independentista, pues veía en la estrategia gubernamental seguramente la única forma de dar salida a sus peticiones (si el gobierno catalán no se hubiera sacado de la manga Ítaca, el independentismo habría desbordado). El propósito real del procés, que evidentemente no es el mismo que el de los independentistas honestos, no es otro que mantener la rueda en marcha: el procés se retroalimenta a fin de seguir consiguiendo réditos electorales y a fin de que la derecha siga presidiendo la Generalitat.

Tercera tesis: el nacionalismo y el identitarismo, gestados en la respuesta españolista al procés

A menudo se critica al independentismo, al que se confunde con el procés, por nacionalista, en el sentido de excluyente e identitarista. Incluso se le atribuyen esos valores inherentemente. Pero, aunque la agitación de la bandera para desviar la atención de los problemas sociales es ciertamente nacionalista, la crítica que se le hace en este sentido identitarista parte, a nuestro parecer, de un error de análisis. El choque nacionalista que ha significado el procés y la agitación social en base a los sentimientos nacionales es debido a la estrategia de confrontación que la derecha nacionalista españolista inició, concretamente el partido Ciudadanos en Cataluña.

En efecto, la crítica de este partido al independentismo (en la forma del procés) confundía deliberadamente independentismo, un movimiento político legítimo con fines racionales, y nacionalismo, un movimiento político o, como mínimo, estrategia de apelación a las masas, sin otro fin concreto que sus efectos movilizadores y cohesionadores en base a una identidad colectiva. Esto se ve muy claramente en las intervenciones públicas que hacían los portavoces de ese partido, del estilo “los nacionalistas catalanes quieren romper España”. Y esto casa completamente con la mentalidad política del Reino de España, según la cual los nacionalistas son sólo los nacionalismos periféricos, no el centralismo castellano.

Lo que se debe tener en cuenta, pues, es que este discurso se impuso y es el que hasta hoy incluso la izquierda asume a veces. La reacción anti-independentista ha dado al procés, del cual ha acabado formando parte, su carácter identitarista en la medida en que se le criticaba por ser catalán y egoísta con los españoles. Como consecuencia, esto es lo que ha asumido la parte de la población no atraída ni por la independencia en sí ni por el procés y, consiguientemente, se ha formado su identidad (nacional) por oposición. Dicho de otra forma, la estrategia de este partido ha galvanizado a los ciudadanos catalanes que se sienten solo o también españoles [1], en la medida en que se les presenta la independencia como algo solo de catalanes y amenazador a su pertenencia a la comunidad sociopolítica en la que, de hecho, están incluidos. Así es como se entiende que el 10% de aquellos que solo se sentían españoles en el año 2012 fueran independentistas, pero que hoy solo lo sean el 3%. De aquí se deduce que ha habido una polarización política que se ha trasladado también socialmente.

Lo que en estas líneas defendemos es fácil de comprobar en la medida en que nos damos cuenta de que el nacionalismo español se ha avivado en toda España, no solo en Cataluña, porque lo que afecta en Cataluña se ve y se representa como una amenaza al sentimiento de pertenencia global. Pero, como esta polarización política que el nacionalismo españolista ha generado no puede trasladarse en términos puros a todos los territorios del Reino —pues no en todos lugares hay un “nacionalismo periférico” al que confrontarse—, se expresa en forma de exacerbación nacionalista, de forma que los partidos (básicamente la derecha) compiten entre ellos para mostrarse lo más españolistas (“españoles”, dirán ellos) posible.

Cuarta tesis: polarización social

Siguiendo con el punto anterior, el señalar a los otros (independentistas) como nacionalistas es lo que ha llevado a la confrontación nacionalista, que tiene como efecto la fragmentación y polarización parlamentaria en grupos contrapuestos, como reflejo de la sociedad. Sin duda, el hecho de que C’s sea el partido más votado y con más representación parlamentaria, pero que los dos mayores partidos independentistas sean los que tienen la mayoría, ya es indicio de esta fuerte polarización. No somos partidarios de designarlo como una división social, que es de hecho lo que hacían desde C’s, pero sí como una tensión muy fuerte que, como hemos visto en el punto anterior, interpela a la ciudadanía según sus sentimientos. El llamado “referéndum” del 1 de octubre fue seguramente el punto máximo de la negligencia procesista, que certificó a ojos de muchos catalanes cómo —en la medida en que fue unilateral— los “catalanes” ignoraban a los “españoles”. El discurso de la confrontación nacionalista no había tenido hasta entonces un mejor portavoz que ese mismo referéndum.

Pero vayamos un poco más allá, al núcleo de nuestra tesis: la polarización social, en este contexto de confrontación nacionalista, supone problematizar también aquello que usa la sociedad para comunicarse y que es a la vez distintivo de Cataluña —aunque no solo— respecto del resto de España, o sea, la lengua. Consecuencia indeseada del procés, por vía de la exaltación nacionalista de C’s (que justamente entró en el Parlament en el 2006 con un solo punto en el programa: la erradicación de la inmersión lingüística), es y ha sido el ataque a la lengua catalana, el sentimiento de agravio de la comunidad castellanoparlante, el rechazo de la lengua catalana como instrumento de inclusión social, papel que ha desarrollado hasta ahora y que, creemos evidente, ha demostrado ser efectivo. De esta forma, lo que ha conseguido colar C’s bajo la apariencia de anti-independentismo es en realidad un profundo anticatalanismo, que muchos inconscientemente reproducen. No podemos ser ingenuos y aceptar ese discurso, porque esto significaría certificar que hay una división social (entre dos comunidades lingüísticas), representaría confirmar una cierta etnicidad y supondría rechazar el que fue lema de integración e inclusión del pueblo catalán en su conjunto por parte de la izquierda: “un sol poble” (‘un solo pueblo’).

Quinta tesis: el juego de la gallina y la mutación perpetua

Si se toma en consideración que el objetivo político “realista” del procés era forzar una negociación para llegar a mejores condiciones de autonomía para Cataluña o conseguir que las élites políticas catalanas participaran de la gestión política de España, entonces llegaremos a la conclusión de que, después de las sentencias de prisión de hace unas semanas, se ha demostrado el fracaso del procés porque el juego de tensar la cuerda no ha salido bien. O, mejor expresado, el choque de trenes efectivamente se ha producido, pero el gobierno español tenía ciertamente un tren robusto, mientras que el gobierno catalán tenía una vagoneta.

Desde esta perspectiva, es un fracaso. Pero no nos confundamos: primero, el juego de la gallina sigue, porque el gobierno catalán evidentemente no va a dar marcha atrás a pesar de los reveses. Es decir, lo que ha pasado es un contratiempo. No en vano, por las fechas de la sentencia, se oía en algunos círculos independentistas que todavía se tendría que hacer otro referéndum. Es decir, como es propio del juego de la gallina, esto significa empujar fuerte hacia adelante y esperar que el rival se mueva. Segundo, el procés se justifica por el deseo de autodeterminación, por el sentimiento de agravio e incluso por medio de la movilización misma, de tal forma que esa estrategia del juego de la gallina, tan arriesgada y negligente, sigue estando en contacto con el sentimiento del independentismo honesto. Así, un revés como tener los políticos independentistas en prisión no se ve sino como una prueba más de que es necesario seguir tirando de la cuerda.

De esta forma, nos damos cuenta de que los objetivos del procés, siempre circunscritos a los tacticismos circunstanciales que permiten, justamente, mantener la maquinaria en marcha (es decir, el círculo perpetuo de este proceso político), se adaptan, mutan. La independencia no es un objetivo. No lo había sido nunca, pero por lo menos los portavoces, digámoslo así, del procés recurrían retóricamente a ella. Ahora, el objetivo, retóricamente plasmado, que se planteaba el procés después de la sentencia era la libertad de los presos políticos, igual que en otros momentos su objetivo era la restitución del presidente legítimo o la celebración del referéndum. Una vez superado el valor táctico de cada uno de estos “objetivos”, se olvidan, quizás con excepción del 1-O, que se ha convertido en un relato mítico fundacional.

El procés es, como hemos visto, una estategia de gestión autojustificativa y, como decimos, muta continuamente. En su reelaboración aparecen a veces fricciones, sea por su alta negligencia o por disonancias entre los timoneles del procés —entre ellos o entre ésos y las bases independentistas—. Ciertamente, la mutación puede llevar a choques con el principio de realidad así como a choques por la lucha por el poder. Igualmente tenemos que considerar que la mutación no implica, evidentemente, un cambio parejo en las bases independentistas, que siguen siendo independentistas, y que por tanto pueden distanciarse de los líderes. De hecho, podríamos decir que ya estamos viendo síntomas de cierta disonancia: críticas de independentistas entre ellos, arrepentimientos —o, como mínimo, reconocimiento de errores— y protestas independentistas que —seguramente porque no tienen un objetivo claro— se han manifestado últimamente más bien sin sentido y no en el marco de las movilizaciones necesarias para mantener girando la rueda —como hemos visto en el punto 1—, como protestas contempladas por algunos sectores de la población como alteraciones molestas a su vida cotidiana —que probablemente ni siquiera les interesen ideológicamente—. Sería el caso de la “ocupación” de la estación de Sants en Barcelona, por ejemplificar.

Finalmente, estas disonancias —como las hemos llamado— nos llevan a considerar que el procés está entrando en una nueva fase; todavía tiene que adaptarse y acomodarse, hasta que pueda controlar las protestas —que evidentemente no son para nada deseadas por la derecha— y pueda mantener al movimiento independentista firmemente cooptado. Aun así, sabemos que a veces la política genera efectos “indeseados”, como la exacerbación del nacionalismo españolista en el caso del procés, y sabemos también que en el gobierno español ahora toma parte Podemos, un partido que a pesar de no haber estado siempre a la altura, a nuestro parecer, tiene ciertamente un talante distinto y una visión sobre España y Cataluña que no casan con el endémico centralismo castellano. Aunque estos dos motivos nos lleven a estar expectantes, el autor de estas líneas no cree que la lógica del procés expresada en estas tesis —aunque ahora nos interesa especialmente esta quinta, por ser la que recoge la relación entre gobierno catalán y gobierno español— se vaya a ver alterada.

Nota:

[1] Al ser preguntados los ciudadanos catalanes en las encuestas de opinión sobre su sentimiento de pertenencia en una pregunta que incluye cinco categorías de respuesta (solo catalán, más bien catalán, catalán y español, más bien español, solo español), la mayoría responde que se siente igual de catalán que español (un 40% en el año 2010, menos que antes de la sentencia del Estatut). En segundo lugar está ahora, después de estos años, “solo catalán”, seguido de cerca por “más bien catalán”. “Más bien español” agrupa en torno al 4% y “solo español” agrupa ahora al 7%, habiendo subido paralelamente a la bajada de “más bien español”. Pues bien, esto significa que la población catalana se siente casi toda catalana (solo o también). La estrategia de C’s ha penetrado en este doble sentimiento de la población catalana de tal forma que los ha confrontado entre ellos y ha puesto la ciudadanía en el compromiso de escoger grupo de pertenencia, ha activado el sentimiento de españolidad compartido en la población catalana.

Hipotètics resultats electorals per CCAA com a circumscripció

Aprofitant les eleccions de 2015 vaig escriure un article on defensava el canvi de districtes electorals: creia i crec que cal passar de les províncies a les comunitats autònomes. En aquell article ho vaig argumentar, breument, i per això aquí no em repetiré. Voldria només exposar la repartició d’escons que hauria quedat d’aquestes eleccions generals si s’haguessin comptabilitzat a efectes del repartiment els vots en les comunitats autònomes, i uns breus comentaris.

Per començar, vegem el resultat de les eleccions en aquest gràfic de La Vanguardia. Hi són anomenats de forma explícita els partits amb certa entitat, podríem dir, però és interessant de remarcar que han entrat al Parlament ni més ni menys que 16 partits en total! Òbviament, hi ha una gran diferència entre l’enorme quantitat d’escons que aconsegueixen els partits grans i d’àmbit estatal i els que obtenen els partits més petits, podríem dir, regionals. Aquesta és una situació que, de fet, no canviaria gaire si adoptéssim les comunitats autònomes com a circumscripció electoral.

1

De fet, en la projecció d’escons que he realitzat i que veiem en el gràfic inferior, hi ha 15 partits en el Parlament espanyol: el partit ¡Teruel Existe! no obtindria amb aquesta forma de comptabilitzar els vots cap representant, simplement perquè en el conjunt d’Aragó no arriba al llindar del 3%. Si ha obtingut representació en aquestes eleccions és perquè ha obtingut quasi el 30% de sufragis en la província específica de Terol.

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El conjunt dels partits petits que, a més, no es presenten a nivell estatal té actualment 42 diputats. Amb el nou càlcul en perdria 4, que tampoc no en són pas gaires, que alimentarien, conjuntament amb els escons que perden els dos partits grans, els partits estatals mitjans. Ara bé, el cas de Más País és difícil de calcular perquè justament s’ha presentat en algunes províncies i, per tant, no sabem quant hauria tret en el conjunt d’una comunitat autònoma. No obstant això, segons aquest càlcul guanyaria un diputat més, que correspon al País Valencià (on sí que es va presentar en les tres províncies), on l’hauria arrabassat a VOX.

Si mirem específicament el cas de Catalunya, els partits d’àmbit només català (ERC, JxCAT i la CUP) perdrien en general 1 diputat, el d’ERC, i JxCAT n’aconseguiria un menys (7), que passaria a la CUP (3). Els partits de dreta estatals obtindrien tots (PP, VOX i C’s) un representant més. Així, en el cas de Catalunya, veiem com l’estimació de vot per comunitat autònoma, en la mesura que fa un càlcul igualatiu per tot el territori català, traslladaria en forma d’escons la polarització política que s’expressa en la societat i, doncs, donaria més força als partits anticatalanistes, en detriment del diputat d’ERC que ja hem esmentat i 2 del PSC. Catalunya en Comú, en canvi, en aquest cas es mantindria igual a 7 diputats.

Podem i la independència

Tots ens declarem a favor de la llibertat, però quan fem servir la mateixa paraula no ens estem referint a la mateixa cosa. Per a alguns, la paraula “llibertat” pot significar que cada home faci el que desitgi amb si mateix i amb el producte del seu treball; mentre que per a altres la mateixa paraula pot significar que cada home faci el que desitgi amb altres homes i amb el producte de llur treball.

(Abraham Lincoln, 18 d’abril de 1864, sobre la construcció de la nació)

Podemos (si som rigorosos, no en podem dir encara “Podem”, perquè no està constituït a Catalunya) és un partit que, des que va néixer, desperta suspicàcies entre els sectors independentistes. Per a uns, perquè critica el procés sobiranista actual i això el fa passar pel “cavall de Troia”; per a altres, perquè aparentment és un lerrouxisme espanyolista. En qualsevol cas, les suspicàcies vénen del fet que Podemos no es posiciona davant de la independència: és a dir, no diu ni sí ni no. Freqüentment, per això, ha rebut crítiques de ser ambigu, com vam poder veure a l’entrevista de TV3 a Pablo Iglesias, en què Oltra li deia insistentment que era ambigu, però ell responia, i amb raó, que no era gens ambigu.

El problema d’aquesta suposada ambigüitat es deriva de dues coses. La primera, que és la més ràpida d’explicar, és la fal·làcia del contrari: quan no s’afirma una cosa, llavors es pressuposa que és el contrari. És a dir, per als independentistes, com que Podemos no diu ser independentista, llavors és espanyolista, en el sentit d’unionista. Això és un biaix cognitiu i és, òbviament, políticament fals, però sembla difícil de superar si els independentistes més, diguem-ne, militants, no són capaços de veure més enllà dels seus nassos.

El segon motiu està lligat amb aquest: és la presumpció que cal sí o sí en el teatre polític actual definir-se amb una opció o altra, i que tal situació dicotòmica és la que marca el que és políticament comprensible, i que per tant altres aproximacions o tàctiques polítiques que s’escapin d’aquest tauler (i no estic parlant de “terceres vies”, perquè això és un intent d’ampliar el mateix tauler) és com si no tinguessin valor polític. Això també porta a entendre la situació política actual només des del punt de vista d’una de les opcions: efectivament, la crítica a Podemos ve del fet que els crítics només l’enfoquen des de l’òptica catalana i sobiranista, justament pressuposant que el lògic és que digui sí o no a aquell element polític que es presenta com l’únic apte per definir la realitat política. Això vol dir dues coses: l’error de creure que només es pot fer política tenint en compte això (efectivament: i per què Podemos hauria de dir si és independentista o no?), i, en els pitjors dels casos, l’error d’anàlisi de tot el marc polític, atès que s’enfoca parcialment, i per això es diu que és ambigu.

Podemos no es posiciona positivament respecte de la independència, però tampoc negativament. Això és evident. I si no ho fa no és per una qüestió d’ambigüitat, sinó perquè no pot. A l’entrevista, Iglesias va dir que “Eso lo tendrán que decidir los catalanes”. Jo, perdoneu que us ho digui, però no hi veig gens d’ambigüitat. “L’important per als demòcrates és que voti la gent”, va dir Iglesias. I això, de nou, no té res d’ambigüitat, i hom s’equivocaria i tindria un judici erroni si només parés l’orella per escoltar si explícitament són independentistes. Aquí és on hi ha el problema: hom espera de Podemos, i fins i tot li exigeix, que es posicioni en el mapa dicotòmic respecte del sí o el no. Però aquesta no és la qüestió: ni no dir sí ni no dir no no és res d’ambigüitat, és quelcom que té a veure amb el projecte polític. I el projecte polític de Podem com a tal no passa per la independència, perquè, com he dit més amunt, això dependrà dels catalans: cal trobar la majoria. Podem no pot col·locar-se explícitament en un punt o altre, i no perquè no vulgui, sinó perquè, per principis, no pot. No és una qüestió d’ambigüitat, sinó justament de contingut polític.

Als independentistes més acèrrims i, fins i tot, identitaris, això, els costarà d’entendre-ho. Efectivament, si dic que és una qüestió de contingut polític vull dir que la independència és un programa polític, programa que, per la naturalesa del nou partit, no pot ser seguit, perquè implica un objectiu absolut que, pres com a finalitat, s’abstreu de la realitat política i de l’expressió de la ciutadania. En efecte, jo entenc que el projecte polític de Podemos passa justament per donar veu a la gent, allunyar el procés de les discussions partidistes i contemplar la situació política real per no confondre el procés en si amb el desideràtum independentista. I això encaixa amb el seu projecte d’apoderament ciutadà i de recuperació de la sobirania. Potser és prudent aquí recordar que la independència és un acte de sobirania pura: l’únic sobirà és el poble, i no el Parlament.

Gemma Ubasart, representant de Podemos, va dir en el programa .CAT, seguint aquesta línia, que cal trobar els escenaris on fer possible el dret a decidir, encara que, val a dir-ho, va donar una imatge una mica pusil·lànime. A partir d’aquí, cal entendre, ja hi haurà eventualment la independència, la permanència, la federació, la confederació o el que sigui. Així, en comptes de fer la discussió en el pla identitari i de la retòrica de si Catalunya, de si Espanya, de si són lerrouxistes o de si qualsevol altra cosa, els portaveus del partit donen a entendre que potser caldria fer la discussió en el pla realista per trobar el més adequat, factible i legítim per encarar la independència. Podemos es presenta davant de l’opinió pública, en aquest sentit, com l’únic partit, l’únic agent, amb capacitat per trencar l’ordre constitucional vigent i donar sortida al pla independentista, però sense caure en l’error poc legítim de considerar que l’únic admissible i correcte és la independència: que doni sortida a aquest pla no vol dir necessàriament que el partit l’hagi d’implantar. I això és ben legítim i democràtic.

Retornant a Iglesias, va dir a l’entrevista que el futur de Catalunya només depèn de la decisió dels catalans. Ara bé, això, dit així per si sol, no té valor, ja que cal entendre-ho en el seu marc polític i legal: cal “obrir el cadenat del 78”, com no parava de repetir, i això és fer el procés constituent. Per què? Doncs perquè ara els catalans no poden decidir sobre el seu futur. Tot discurs que retòricament es refereixi constantment al dret dels catalans a decidir però no contempli el context i la naturalesa d’un procés constituent, és un discurs buit.

Per acabar-ho d’arrodonir, voldria comparar Podemos amb Procés Constituent. I, per què? Doncs perquè entenc que té una proposta semblant a la de Podem, contempla el panorama polític igual, amb la diferència que, com és propi del seu projecte polític conscient, orienta expressament el procés constituent cap a la independència.

Comencem amb Teresa Forcades, que va dir en el mateix programa .CAT que no es pot supeditar el procés sobiranista a una “autoritat que passa pel davant de la voluntat popular”, fent referència als acords partidistes, de forma que cal subvertir les relacions de poder i entendre que darrera el procés sobiranista s’amaguen interessos espuris. De nou, del que es tracta és de tenir autèntica sobirania; tota la resta és, dit en termes crítics comuns, teatre. Potser en aquest punt convé citar aquest article d’Albano Dante que també aborda la problemàtica, però assenyala directament els actors polítics: el paper de la CUP i per què no hauria de trobar en Podemos un enemic, i, sobretot, l’hegemonia de CiU, que és qui vehicula per mitjà del procés aquests interessos espuris.

Però potser el punt de convergència més clar entre els dos partits, al meu entendre, és una anàlisi semblant del panorama polític que efectivament se surt de l’òptica estreta de mires que només ho entén tot des del punt de vista català i proindependentista, amb la particularitat, això sí, que, com he dit, Procés Constituent col·loca en aquesta anàlisi la independència com un objectiu, mentre que per a Podem l’objectiu serà el que el poble vulgui que sigui.

Crec que el màxim exemple el trobem en Xavier Domènech, que parla de la necessitat de trencar també l’odre espanyol per tal de donar sortida al procés constituent català,  així com a qualsevol altre procés constituent d’àmbit espanyol o nacionalista, alhora que el procés català, pel context on es troba, també subverteix les relacions ja existents a Espanya. D’aquesta manera, s’entén que tots els processos constituents són complementaris i es troben en el mateix espai i temps, com també defensa Teresa Forcades. Així també ho entén Podem, però és una anàlisi que no és compartida per, al meu entendre, amplis sectors independentistes, que parlen només de Catalunya (o dels Països Catalans), com si la resta no existís.

En aquest sentit, la lectura d’aquest article de Domènech és prou il·lustrativa i altament recomanable, un article que trobo molt bo i del qual he copiat la cita que encapçala aquest meu article. Afirma que “el mantenimiento de un bloque catalán sin alianzas posibles con un bloque español, e internamente entre aquellos proyectos transformadores dentro de Catalunya que tienen como objetivo un Estado propio y aquellos que apuestan por un modelo federal, más allá del acuerdo sobre la consulta, también se ve imposibilitado por la falta de una reflexión más global sobre el fracaso del Estado central y las soberanías que hay en juego en un proceso constituyente.” Així: “No hay en juego un proceso constituyente en Catalunya y un proceso constituyente en España –los dos son irrealizables por debilidad sin su interrelación– sino procesos constituyentes en plural y en muy diversos niveles.” Aquesta és una idea important que els dos partits rupturistes contemplen i serveix com a legitimitat dels seus respectius projectes polítics. Però, encara hi ha més: Domènech en el fons ens està dient que el tipus d’independència que està posada damunt de la taula és impossible.

I això és així perquè el projecte social queda suplantat i es produeix, en els termes com jo ho he expressat, un entrecavalcament del dret a decidir i la independència, en la identificació d’un amb l’altra i la direcció “unívoca” cap a aquella. Entenc que l’ús del mapa dicotòmic per definir la legitimitat en l’escenari polític tapa qualsevol altra discussió. Així és com afirma que “al no darse ese pacto social de mínimos, las tensiones entre la imagen que se pretende dar y la realidad que se ejecuta acaban por generar profundas distorsiones narrativas en el intento de encuadrar la representación de la nación, toda ella, en un camino unívoco. Así las izquierdas que participan en el proceso se encuentran fijadas en fotos narrativas nacionalizadoras que no son de su gusto y las que quedan fuera de la foto, a pesar de aceptar claramente la necesidad y defensa de la aplicación del derecho de autodeterminación, incurren en el peligro de ser rápidamente acusadas de ser un peón del españolismo en la forma de un nuevo lerrouxismo de izquierdas.”

Aquestes reflexions assossegades i realistes, que comparteixo, no han evitat que també Domènech hagi estat la diana d’algun article crític (que vaig llegir per VIlaweb, però que malauradament no sé localitzar de nou) que l’acusa de fer una conceptualització, podríem dir-ne, “espanyola” (sant tornem-hi), en lloc de fer-la des de l’òptica catalana. I crec que són també aquestes reflexions, potser més clares que el meu propi escrit, el que ens acaba d’il·lustrar que la suposada ambigüitat de Podem respecte de la independència és un mer miratge d’alguns.