Arxiu del Blog

Cinco tesis sobre el “procés”

[Originalment publicat a la revista Mientras Tanto en el número de desembre de 2019]

Llevamos ya unos cuantos años viendo como la política catalana, que influye en la española, está subsumida en el llamado procés de independencia. Las acciones políticas, los discursos, las relaciones de fuerza… todo se mide y se conceptualiza según los parámetros del procés. Después de todos estos años y llegados al momento actual, creemos que es un buen momento para exponer brevemente unas tesis medio explicativas y medio interpretativas del susodicho proceso.

Primera tesis: el procés como desviación de las protestas sociales

Se acostumbra a decir —quizás ya es por todos aceptado— que el proceso de independencia es y ha sido un manto que ha tapado problemas y también protestas sociales. En efecto, hacia 2011, un año después de la gran manifestación de repulsa a la sentencia del Estatut y un año antes de las elecciones anticipadas convocadas por Mas en las que se presentó como un mesías, estalló el movimiento 15-M, que en Cataluña, en junio de ese mismo año, llamó a “rodear” el Parlament. Cabe recordar que el día en que se convocó esa concentración el Parlament debatía los presupuestos de austeridad… y también que el presidente Mas llegó en helicóptero al hemiciclo. Sin duda, unas protestas que un gobierno de derecha de orden no podía permitir.

Aun así, quizás no prestamos demasiada atención al hecho de que la forma de ignorar las protestas sociales no fue tanto taparlas como desviar la atención hacia otro tema. El procés nació como una forma de recoger el descontentamiento popular, que desbordaba a la vez por la multitudinaria manifestación de julio de 2010 y por las acampadas “indignadas”, y reconducirlo, de tal forma que las ansias independentistas y las excusas que señalaban a Madrid fueran preponderantes. La voz independentista se amplificó y se acogió como la voz de las protestas sociales, a la vez que se acalló lo que podía llevar a indignación popular descontrolada, notablemente la crítica a la profunda corrupción que empezaba a emerger en la derecha catalana. Es un ejemplo de ello la llamada “Consulta sobre el futuro político de Cataluña 2014”, aquella especie de referéndum —que se cuidó mucho de no ser designado como tal— que incluía una doble pregunta. Pues bien, activistas y movimientos sociales, que empujaban hacia la soberanía popular —a veces por la vía ciertamente de la independencia—, en realidad pretendían hacer un “multireferéndum” en el que se decidiera democráticamente sobre cuestiones de derechos sociales. Evidentemente, nada de esto fue aceptado e incluso se podría decir que en aquellos momentos ICV-EUiA discutió más sobre el redactado de la doble pregunta de esa consulta que sobre el contenido de la misma en relación a las condiciones socioeconómicas de la población.

Segunda tesis: independentismo y “procés d’independència” no son lo mismo

Al ver las encuestas de opinión, se observa que la población independentista en Cataluña ha representado siempre en torno al 15% de la población. La mayoría de la gente, al ser preguntada por la preferencia territorial respecto de Cataluña, se situaba o bien en la autonomía o bien en el federalismo. Pues bien, con la sentencia del Estatut eso cambió. El independentismo creció enormemente y se activó para presionar a los políticos. Su punto de partida fue quizás la manifestación de repulsa a la sentencia del Estatut de 2010, ya mencionada, que se convirtió de facto en una manifestación independentista. Tomó una fisonomía y una magnitud inesperadas. Se trataba de un sentimiento popular legítimo, en cierta forma una expresión de soberanía.

El punto de partida del procés, por otro lado, son las elecciones de 2012, donde Convergència i Unió, con el lema “La voluntat d’un poble” y una foto de Mas con los brazos abiertos, se apropió de ese sentimiento de independencia, le dió una forma institucional para poder controlarlo y, como hemos visto en el apartado anterior, evitar que se conviertiera en un auténtico movimiento de protesta que se dirigiera contra el gobierno. Pero lo que Mas inició no es el movimiento de independencia en sí, sino una estrategia política de relación con el gobierno central que recurre simbólicamente a la independencia. Dicho de otra forma: lo que ocupa los titulares de los diarios, lo que siempre vemos sobre la independencia, no es el independentismo como tal, sino la confrontación entre dos gobiernos, el catalán y el español, que ponen los recursos que tienen a mano para intentar cambiar su relación de fuerzas.

Esta segunda tesis —que debe entenderse conjuntamente con la primera y la quinta— afirma, pues, que el procés es la conducción (o sea, el mismo proceso en sí) de ese sentimiento de independencia, la dirección (o sea, la estrategia) de los movimientos tácticos que se justifican en la independencia. Ilustrándolo con las metáforas marineras que tanto se pusieron de moda, el objetivo real no es llegar a Ítaca, sino toda la odisea que hay en medio, que se representa a conciencia con pasión y como éxito. El procés, y con los años lo hemos visto, ha acabado cooptando el movimiento independentista, pues veía en la estrategia gubernamental seguramente la única forma de dar salida a sus peticiones (si el gobierno catalán no se hubiera sacado de la manga Ítaca, el independentismo habría desbordado). El propósito real del procés, que evidentemente no es el mismo que el de los independentistas honestos, no es otro que mantener la rueda en marcha: el procés se retroalimenta a fin de seguir consiguiendo réditos electorales y a fin de que la derecha siga presidiendo la Generalitat.

Tercera tesis: el nacionalismo y el identitarismo, gestados en la respuesta españolista al procés

A menudo se critica al independentismo, al que se confunde con el procés, por nacionalista, en el sentido de excluyente e identitarista. Incluso se le atribuyen esos valores inherentemente. Pero, aunque la agitación de la bandera para desviar la atención de los problemas sociales es ciertamente nacionalista, la crítica que se le hace en este sentido identitarista parte, a nuestro parecer, de un error de análisis. El choque nacionalista que ha significado el procés y la agitación social en base a los sentimientos nacionales es debido a la estrategia de confrontación que la derecha nacionalista españolista inició, concretamente el partido Ciudadanos en Cataluña.

En efecto, la crítica de este partido al independentismo (en la forma del procés) confundía deliberadamente independentismo, un movimiento político legítimo con fines racionales, y nacionalismo, un movimiento político o, como mínimo, estrategia de apelación a las masas, sin otro fin concreto que sus efectos movilizadores y cohesionadores en base a una identidad colectiva. Esto se ve muy claramente en las intervenciones públicas que hacían los portavoces de ese partido, del estilo “los nacionalistas catalanes quieren romper España”. Y esto casa completamente con la mentalidad política del Reino de España, según la cual los nacionalistas son sólo los nacionalismos periféricos, no el centralismo castellano.

Lo que se debe tener en cuenta, pues, es que este discurso se impuso y es el que hasta hoy incluso la izquierda asume a veces. La reacción anti-independentista ha dado al procés, del cual ha acabado formando parte, su carácter identitarista en la medida en que se le criticaba por ser catalán y egoísta con los españoles. Como consecuencia, esto es lo que ha asumido la parte de la población no atraída ni por la independencia en sí ni por el procés y, consiguientemente, se ha formado su identidad (nacional) por oposición. Dicho de otra forma, la estrategia de este partido ha galvanizado a los ciudadanos catalanes que se sienten solo o también españoles [1], en la medida en que se les presenta la independencia como algo solo de catalanes y amenazador a su pertenencia a la comunidad sociopolítica en la que, de hecho, están incluidos. Así es como se entiende que el 10% de aquellos que solo se sentían españoles en el año 2012 fueran independentistas, pero que hoy solo lo sean el 3%. De aquí se deduce que ha habido una polarización política que se ha trasladado también socialmente.

Lo que en estas líneas defendemos es fácil de comprobar en la medida en que nos damos cuenta de que el nacionalismo español se ha avivado en toda España, no solo en Cataluña, porque lo que afecta en Cataluña se ve y se representa como una amenaza al sentimiento de pertenencia global. Pero, como esta polarización política que el nacionalismo españolista ha generado no puede trasladarse en términos puros a todos los territorios del Reino —pues no en todos lugares hay un “nacionalismo periférico” al que confrontarse—, se expresa en forma de exacerbación nacionalista, de forma que los partidos (básicamente la derecha) compiten entre ellos para mostrarse lo más españolistas (“españoles”, dirán ellos) posible.

Cuarta tesis: polarización social

Siguiendo con el punto anterior, el señalar a los otros (independentistas) como nacionalistas es lo que ha llevado a la confrontación nacionalista, que tiene como efecto la fragmentación y polarización parlamentaria en grupos contrapuestos, como reflejo de la sociedad. Sin duda, el hecho de que C’s sea el partido más votado y con más representación parlamentaria, pero que los dos mayores partidos independentistas sean los que tienen la mayoría, ya es indicio de esta fuerte polarización. No somos partidarios de designarlo como una división social, que es de hecho lo que hacían desde C’s, pero sí como una tensión muy fuerte que, como hemos visto en el punto anterior, interpela a la ciudadanía según sus sentimientos. El llamado “referéndum” del 1 de octubre fue seguramente el punto máximo de la negligencia procesista, que certificó a ojos de muchos catalanes cómo —en la medida en que fue unilateral— los “catalanes” ignoraban a los “españoles”. El discurso de la confrontación nacionalista no había tenido hasta entonces un mejor portavoz que ese mismo referéndum.

Pero vayamos un poco más allá, al núcleo de nuestra tesis: la polarización social, en este contexto de confrontación nacionalista, supone problematizar también aquello que usa la sociedad para comunicarse y que es a la vez distintivo de Cataluña —aunque no solo— respecto del resto de España, o sea, la lengua. Consecuencia indeseada del procés, por vía de la exaltación nacionalista de C’s (que justamente entró en el Parlament en el 2006 con un solo punto en el programa: la erradicación de la inmersión lingüística), es y ha sido el ataque a la lengua catalana, el sentimiento de agravio de la comunidad castellanoparlante, el rechazo de la lengua catalana como instrumento de inclusión social, papel que ha desarrollado hasta ahora y que, creemos evidente, ha demostrado ser efectivo. De esta forma, lo que ha conseguido colar C’s bajo la apariencia de anti-independentismo es en realidad un profundo anticatalanismo, que muchos inconscientemente reproducen. No podemos ser ingenuos y aceptar ese discurso, porque esto significaría certificar que hay una división social (entre dos comunidades lingüísticas), representaría confirmar una cierta etnicidad y supondría rechazar el que fue lema de integración e inclusión del pueblo catalán en su conjunto por parte de la izquierda: “un sol poble” (‘un solo pueblo’).

Quinta tesis: el juego de la gallina y la mutación perpetua

Si se toma en consideración que el objetivo político “realista” del procés era forzar una negociación para llegar a mejores condiciones de autonomía para Cataluña o conseguir que las élites políticas catalanas participaran de la gestión política de España, entonces llegaremos a la conclusión de que, después de las sentencias de prisión de hace unas semanas, se ha demostrado el fracaso del procés porque el juego de tensar la cuerda no ha salido bien. O, mejor expresado, el choque de trenes efectivamente se ha producido, pero el gobierno español tenía ciertamente un tren robusto, mientras que el gobierno catalán tenía una vagoneta.

Desde esta perspectiva, es un fracaso. Pero no nos confundamos: primero, el juego de la gallina sigue, porque el gobierno catalán evidentemente no va a dar marcha atrás a pesar de los reveses. Es decir, lo que ha pasado es un contratiempo. No en vano, por las fechas de la sentencia, se oía en algunos círculos independentistas que todavía se tendría que hacer otro referéndum. Es decir, como es propio del juego de la gallina, esto significa empujar fuerte hacia adelante y esperar que el rival se mueva. Segundo, el procés se justifica por el deseo de autodeterminación, por el sentimiento de agravio e incluso por medio de la movilización misma, de tal forma que esa estrategia del juego de la gallina, tan arriesgada y negligente, sigue estando en contacto con el sentimiento del independentismo honesto. Así, un revés como tener los políticos independentistas en prisión no se ve sino como una prueba más de que es necesario seguir tirando de la cuerda.

De esta forma, nos damos cuenta de que los objetivos del procés, siempre circunscritos a los tacticismos circunstanciales que permiten, justamente, mantener la maquinaria en marcha (es decir, el círculo perpetuo de este proceso político), se adaptan, mutan. La independencia no es un objetivo. No lo había sido nunca, pero por lo menos los portavoces, digámoslo así, del procés recurrían retóricamente a ella. Ahora, el objetivo, retóricamente plasmado, que se planteaba el procés después de la sentencia era la libertad de los presos políticos, igual que en otros momentos su objetivo era la restitución del presidente legítimo o la celebración del referéndum. Una vez superado el valor táctico de cada uno de estos “objetivos”, se olvidan, quizás con excepción del 1-O, que se ha convertido en un relato mítico fundacional.

El procés es, como hemos visto, una estategia de gestión autojustificativa y, como decimos, muta continuamente. En su reelaboración aparecen a veces fricciones, sea por su alta negligencia o por disonancias entre los timoneles del procés —entre ellos o entre ésos y las bases independentistas—. Ciertamente, la mutación puede llevar a choques con el principio de realidad así como a choques por la lucha por el poder. Igualmente tenemos que considerar que la mutación no implica, evidentemente, un cambio parejo en las bases independentistas, que siguen siendo independentistas, y que por tanto pueden distanciarse de los líderes. De hecho, podríamos decir que ya estamos viendo síntomas de cierta disonancia: críticas de independentistas entre ellos, arrepentimientos —o, como mínimo, reconocimiento de errores— y protestas independentistas que —seguramente porque no tienen un objetivo claro— se han manifestado últimamente más bien sin sentido y no en el marco de las movilizaciones necesarias para mantener girando la rueda —como hemos visto en el punto 1—, como protestas contempladas por algunos sectores de la población como alteraciones molestas a su vida cotidiana —que probablemente ni siquiera les interesen ideológicamente—. Sería el caso de la “ocupación” de la estación de Sants en Barcelona, por ejemplificar.

Finalmente, estas disonancias —como las hemos llamado— nos llevan a considerar que el procés está entrando en una nueva fase; todavía tiene que adaptarse y acomodarse, hasta que pueda controlar las protestas —que evidentemente no son para nada deseadas por la derecha— y pueda mantener al movimiento independentista firmemente cooptado. Aun así, sabemos que a veces la política genera efectos “indeseados”, como la exacerbación del nacionalismo españolista en el caso del procés, y sabemos también que en el gobierno español ahora toma parte Podemos, un partido que a pesar de no haber estado siempre a la altura, a nuestro parecer, tiene ciertamente un talante distinto y una visión sobre España y Cataluña que no casan con el endémico centralismo castellano. Aunque estos dos motivos nos lleven a estar expectantes, el autor de estas líneas no cree que la lógica del procés expresada en estas tesis —aunque ahora nos interesa especialmente esta quinta, por ser la que recoge la relación entre gobierno catalán y gobierno español— se vaya a ver alterada.

Nota:

[1] Al ser preguntados los ciudadanos catalanes en las encuestas de opinión sobre su sentimiento de pertenencia en una pregunta que incluye cinco categorías de respuesta (solo catalán, más bien catalán, catalán y español, más bien español, solo español), la mayoría responde que se siente igual de catalán que español (un 40% en el año 2010, menos que antes de la sentencia del Estatut). En segundo lugar está ahora, después de estos años, “solo catalán”, seguido de cerca por “más bien catalán”. “Más bien español” agrupa en torno al 4% y “solo español” agrupa ahora al 7%, habiendo subido paralelamente a la bajada de “más bien español”. Pues bien, esto significa que la población catalana se siente casi toda catalana (solo o también). La estrategia de C’s ha penetrado en este doble sentimiento de la población catalana de tal forma que los ha confrontado entre ellos y ha puesto la ciudadanía en el compromiso de escoger grupo de pertenencia, ha activado el sentimiento de españolidad compartido en la población catalana.

Les parets parlen / 2

P1150197Interessant i divertida pintada que va aparèixer un dia en el vidre d’un banc i va desaparèixer l’endemà: la pintada indica que dipositis la brossa als peus de la sucursal bancària, en aquest cas de Catalunya Caixa. No tinc constància que a altres bancs també aparegués una pintada semblant ni que ningú fes cas a les indicacions i realment deixés allà la brossa…

Sembla clar, al meu parer, que la referència a la brossa serveix per assenyalar que el sistema financer està podrit, no és una qüestió d’aquella entitat particular. Però no pretén ser una mera observació descriptiva, sinó que, òbviament, fa la crítica social: des d’inicis de la crisi que s’assenyala les poques limitacions del sistema financer de ser-ne causant, així com les -justament- porqueries que els bancs tenen entre mans, és a dir, l’especulació. Amb aquesta pintada, hom recupera el discurs que els indignats feien servir, així com el seu estil contundent i subversiu, però potser còmic, irònic o amb un to graciós. D’aquí l’enunciat crític que un banc es mereix que li llencin les escombraries, en senyal de desdeny, perquè no aporten res a la ciutadania corrent; al contrari: és un viver d’avars i corruptes i enganya la ciutadania amb bons i ofertes fal·laces.

Catalunya Caixa, a més, és un dels bancs als quals l’agència Moody’s va rebaixar fa un temps (ara no sé com està) la qualitat del seu deute al nivell (com si fos una puntuació) de l’anomenat barroerament “bo escombraria”, que tècnicament s’entén dins de l’anomenat grau especulatiu.

ACTUALITZACIÓ: Em diuen que una sucursal d’un altre banc que estava situat més avall que aquest, on també va aparèixer la pintada, sí que tenia brossa acumulada al davant.

Cop d’estat?

1300 agents, comptant la policia muntada, però no els gossos policia, que també hi eren, van ser els encarregats dimarts passat de “custodiar” el Congrés davant de la manifestació i concentració convocada per la plataforma Ocupa el Congreso, amb vincles amb el moviment indignat. Cifuentes i em sembla que també en Wert ja van dir que una concentració d’aquest tipus era un “cop d’estat”, una afirmació totalment forassenyada, per això (és l’excusa, vaja) el govern volia evitar que es rodegés el Congrés, i per fer-ho va… rodejar el Congrés! Amb la policia! Una autèntica mostra de com evitar una protesta ciutadana de manera autoritària, de com “segrestar” aquesta institució, de com els poders polítics necessiten de la força policial per funcionar al marge del poble, i de com els carrers limítrofs al Congrés van ser tancats (més aviat, bloquejats) a la circulació de manera il·legal.

Permeteu-me aquí que informi de la situació a la vegada que n’opino i n’extrec algunes conclusions, i cap a la meitat faré una valoració més profunda de dos fets concrets.
Per començar, les xifres oficials parlen de la presència de 6.000 manifestants, cosa sens dubte minimitzada, ja que és impossible una tal presència de manifestants en tres marxes diferents i que una xifra a priori tan petita impliqués unes càrregues policials tan grans. És una de les mentides més exagerades sobre manifestants que he sentit mai. Els convocants, per altra banda, diuen que 20.000 persones van ser presents als carrers de Madrid, però fins i tot es podria dir el doble si es calcula la superfície de les places. Sigui com sigui, fou la primera gran concentració de resistència popular contra el conjunt del sistema polític sorgit de la Transició, no només contra una cosa concreta. Si voleu podeu llegir-ne informació en la notícia de la BBC i veure’n-hi el vídeo, del qual em sembla entendre del periodista que els manifestants semblaven disposats a emprendre accions, que aquesta ha estat una protesta més tensa i violenta que les darreres. Em sembla percebre també que ve a dir-nos que fins ara no hi ha hagut gaire violència, però tot fa pensar que les tensions socials aniran creixent. El diario ha dedicat tot un seguit d’articles i opinions a l’esdeveniment del 25-S, que podeu llegir aquí.
El dispositiu policial va durar fins a la una de la matinada, quan el retiren. Si volien evitar que materialment s’ocupés el Congrés, doncs haver-se plantat a l’entrada, però el que han fet s’acosta més a un estat de setge. La presència policial és, lògicament, la que va suposar la irrupció de violència, de fet va ser la policia qui va sortir del tancat per començar a carregar, per dispersar i per expressament crear més tensions. Això va quedar clar i així ho recullen tots els mitjans de comunicació. No hi ha base legal per justificar la càrrega, que, a més, no es va adequar al principi de propocionalitat, en una manifestació que, per definició, és totalment legítima per ser de lliure expressió (a banda que tenia autorització administrativa). La policia només podia actuar si passés cap problema greu, en canvi no van trigat a carregar: just en formar passades les valles, ja vhan començat a repartir llenya. Si us fa gràcia, podeu llegir el minut a minut de la protesta que va exposar La Vanguardia.

35 detinguts i 64 ferits va ser el balanç de les càrregues, que també ha quedat clar que van ser provocades per policies infiltrats, si bé no se’m fa estrany pensar que a la nit hi havia jovent més predisposat a buscar brega que en el conglomerat de gent típicament indignada de la tarda. Per veure com es van desenvolupar les càrregues policials, aquí us poso un vídeo de 9 minuts, però el millor és el de sota seu, on podem veure com un policia infiltrat s’identifica als agents que el volen detenir.

Així mateix, en aquest altre vídeo, en anglès, podeu veure una crònica de 8 minuts des de peu mateix de la manifestació, en la qual la periodista ressalta el sentit dictatorial de la repressió policial.

Els responsables de la iniciativa de protesta van repetir la concentració l’endemà per demostrar que no es dobleguen, però sobretot l’important és que ja van anunciar una altra manifestació per dissabte, de nou per mostrar el descontentament del poble i forçar un canvi en les polítiques públiques, una iniciativa que també s’ha traslladat a Portugal. En efecte, la desobidència civil és un dret i fins i tot deure en determinades circumstàncies, per això el govern no pot criminalitzar, menysprear ni insultar com fa una protesta ciutadana; demostra de nou autoritarisme.
Certament el que jo aquí vull remarcar és la repressió i les tendències que ens porten cap a la dictadura. Ens en podem adonar no només per la violència policial injustificada i brutal del mateix dia de la manifetació (que va suposar que la policia fins i tot entrés a l’estació d’Atocha, on -atenció- va disparar, a dins, bales de goma!), sinó que en els dies previs ja havien estat detingudes diverses persones, desallotjades cases okupes, i violats drets civils, tot de manera ben sumària i amagada de la vista pública.

Arribats a aquest punt, no em vull dedicar a analitzar totes les diverses implicacions de la protesta ni tampoc veure què significa per a la salut de la democràcia una tal repressió, perquè això seria molt llarg i, en part, ja ho he tractat en diversos altres articles, i és que les conseqüències policials i de les postures polítiques són les mateixes, que en general podem dir que són autoritarisme i violació de drets i llibertats civils. Però sí que em voldria aturar a comentar detalladament dues coses que van més enllà: la situació poiticosocial promoguda pel govern, que és un gradient més del que fins ara havíem trobat, i l’argument més gros esgrimit pel poder per detenir i acusar els manifestants, ja que és quelcom molt fort i sobrepassa les excuses que podríem dir normals. Es tracta, en el primer cas, de l’establiment de l’estat policial, i, en el segon cas, del fet que el poder va actuar “legitimat” per l’amenaça (la mentida, en realitat) de delicte a les altes institucions de l’Estat, delictes contra la Nació. Això darrer, és espectacular, de debò que és quelcom que no m’esperava i m’ha agafat totalment desprevingut; només em pensava que farien el de sempre: criminalitzar, dir que els altres van començar atacant, passar-se a l’hora de repartir llenya… però una cosa tal com pretendre que els manifestants eren agents organitzats i preparats per destruir l’Estat igual com ho podria fer un exèrcit que se subleva, és totalment fabulós i paranoic per irreal, anormal i propi d’un govern infatuat.


1. Estat policial:
és la màxima conseqüència material i fàctica de l’autoritarisme, si bé no s’ha desenvolupat en la seva màxima expressió -encara-. Estem acostumats a trobar-nos davant de criminalització i repressió, però en aquest cas cal també destacar:

Actitud del govern claríssimament criminalitzadora, agressiva respecte dels manifestants i menyspreadora de qualsevol dret a protesta, des de dies abans que tingués lloc la manifestació, i no només en el discurs, sinó que també es cosifica en els actes. L’associació progressista Jueces por la Democracia, davant d’aquesta actitud governamental, es va afanyar a criticar el govern per la criminalització que fan de l’acte.
•  Cal parlar de repressió, però també de persecussió policial. Els exemples citats d’anar a detenir expressament els individus implicats en la convocació de l’acte abans de tenir lloc i entrar a l’estació d’Atocha són dos exemples claríssims.
Ús de tècniques expresses per la creació de violència (policia infiltrada, i el proper pas és la policia secreta) i no-necessitat de justificar les càrregues policials, perquè amb la concepció tant fortament repressiva no cal ser hipòcrita, sinó que l’actuació policial es justifica per si mateixa o, en tot cas, es recorre a arguments grandiloqüents (delictes contra la Nació) que impliquin necessàriament una concepció violenta de l’oposició ciutadana i una resposta necessàriament violenta de les forces de l’ordre.
• Això porta a considerar que la llei no té validesa perquè només s’interpreta en funció de les necessitats policials, d’aqui l’irrespecte per les llibertats civils (per exemple, com que la manifetació estava autoritzada, no es pot acusar ningú del delicte de voler organitzar-la), que tots els carrers limítrofs, i l’estació, que no eren camp de batalla ho esdevinguessin en el moment que els policies hi posaven els peus; que la policia es fes servir àmpliament (ja em direu, què hi fan antidisturbis en una estació?); i que es bloquegés il·legalment la circulació pels carrers propers al Congrés.

 

Què és doncs un estat policial? L’estat policial ve a ser una forma civil de militaritzar la societat, d’acord amb els interessos del govern de torn. L’estat policial per definició és el manteniment de l’ordre i de la legitimitat del govern per repressió, és el control estricte de la població a fi de poder seguir amb les línies de govern pautades, és, atès que la població s’hi posa en contra, un atrinxerament i aïllament del govern, és el corporativisme de les institucions. És el mecanisme, en definitiva, que té un govern no democràtic per mantenir-se en el poder i legitimar-se, alhora que és el mecanisme pel qual un govern aparentment democràtic força la població i també l’oposició institucional a seguir les directrius fixades i pel qual es deslegitima. L’estat policial implica atacar qualsevol cosa que vagi en contra del poder i suposa que el govern s’apropia de la potestat governativa, la qual cosa vol dir que s’aïlla no només del poble, sinó de la resta de partits polítics i, doncs, fa el primer pas cap a la dictadura.
Els mateixos diputats que volien accedir al Congrés van haver de passar controls i alguns van rebre cops de porra. Això sí que és il·legal, clarament tipificat en l’article 500 del Codi Penal. Qui comet el delicte, doncs, és el policia en qüestió, la qual cosa indica que és abús d’autoritat, i com que aquesta no ve donada per la mà de Déu sinó que depèn en darrera instància de les institucions de l’Estat, doncs vol dir que és el govern qui comet també el delicte, vet-ho aquí perquè parlem de pura repressió en la mesura que govern viola els drets de representació dels ciutadans i ataca un membre que sí que forma part de la institucions (en contraposició al vague argument i no demostrat pels fets que els manifestants volien atemptar contra les institucions).

Hem de tenir igualment present que l’estat policial produeix més fastig en la població i que funciona només per violència, la qual cosa alhora vol dir que la població es cansarà més i es revoltarà més. Lògicament, per tant, no és una eina que serveixi a la democràcia i hem de deixar ja de deixar-nos entabanar i fer-hi alguna cosa. Des de quan se salva la democràcia posant gent a la presó?
Vull recordar en aquest punt el potentíssim text de Pisarello i Asens sobre la il·legalitat del poder. Però hem de tenir present que aquesta no és una manera de criminalitzar només la cosa material, sinó també el pensament crític.


2
. Delictes contra la Nació:
ja les persones detingudes (fins a 8, que jo sàpiga) en les batudes prèvies al 25-S van ser també imputades per l’espectacular delicte contra les altes Institucions de l’Estat. Almenys, l’Audiència Nacinonal ha desestimat aquest delicte pels detinguts el mateix dia 25.

Què representa usar aquesta acusació? Doncs just el que els feixistes del govern han dit: un cop d’estat. O és el mateix que dir “conspiració”, “traïció” o “atemptat” contra l’Estat, cosa que, com qualsevol persona amb dos dits de front pot saber, és totalment exagerat, irresponsable i autoritari d’imputar a ciutadans corrents que no tenen, no només intencions, sinó mitjans per dur a terme tal acció, com sí que poden fer, per exemple, els militars (o els mateixos policies). En efecte, l’argument d’atemptats contra la Nació serveix per justificar l’estat policial. Ambdues coses es complementen: aquest delicte significa quasi el mateix que processar per codi militar, almenys de considerar militarment la vida civil. Hem de tenir present també que aquest argument injustificat i que ha iniciat la persecussió policial molt abans de la materialització de la protesta, es pot dir sempre en qualsevol moment: amb aquesta excusa, qualsevol “esdeveniment” de Facebook podria ser utilitzat per dir que existeixen xarxes conspiratives que són un perill per a la Nació. És més, m’atreviria a dir que pretendre acusar-los d’alt delicte a les altes institucions de l’Estat obre la porta perquè aquells que sí que tenen els mitjans per atemptar-hi puguin fer-ho més fàcilment.

En la mesura que les suposades injúries es feien al carrer sota l’atenta mirada de la policia, no s’ha pogut en realitat atemptar contra les institucions. És a dir, es tractava d’una manifestació normal, cap mena de revolta que fes perillar la integritat ni de les institucions ni dels vianants, però ha esdevingut violenta en carregar. Hom el que ha pretès, doncs, és assimilar els disturbis “normals” que sempre passen quan la policia carrega, amb una mena de cop d’estat. Lògicament, no hi ha delictes contra les institucions de l’Estat si el mal que fan els manifestants es troba concentrat en les baralles amb la policia.
Fixem-nos, doncs, amb l’exageració que fa el govern i amb el significat de la repressió: la situació, la protesta és igual que qualsevol altra protesta ciutadana i del 15-M (a excepció del “setge” al Parlament de Catalunya), però pel que es veu els delictes imputats són diferents. Per què no van acusar també els acampats a Plaça del Sol de delictes contra la Nació? Per què ara sí que utilitzen aquesta excusa per imputar els detinguts? A més, com és costum, ho van ser no perquè es mostressin violents o fessin res d’il·legal, sinó perquè van caure a les urpes de la policia quan li va venir de gust carregar. La presència física de la protesta a les proximitats  del Congrés no és una causa justificada per agreujar les penes, no és causa jurídica objectiva, ni molt menys, que serveixi per inculpar un ciutadà, quan, en cas que vertaderament cometés un delicte, aquest depèn de la seva gravetat intrínseca i de l’acció del ciutadà, no de si es troba a les portes del Congrés de Madrid, a la Rambla de Barcelona o al Carrer Reial d’Alcubilla de Avellaneda (Sòria). 

Aquesta mena de delictes són recollits en el Codi Penal, articles 492 a 505. Ens podem adonar que no hi havia entre els manifestants ni les associacions cap pla polític per destruir el Congrés ni les institucions de l’Estat ni res per l’estil. Però en canvi, sí que hi ha delicte en colpejar els diputats. Torno a esmentar aquí la significació ideològica d’aquest exemple que he esmentat més amunt perquè vegeu com es tanca el cercle: la policia no pot retenir ni pegar un representant de les institucions de l’Estat, té immunitat parlamentària. En fer-ho, el policia estaria incorrent, doncs, en delicte atemptat contra l’Estat (ell sí, no els manifestants), però com que el policia no actua per si sol, vol dir que tot el cos policial és l’eina autoritària del govern que atempta contra els principis de divisió de poder i de dret a la representació parlamentària d’una democràcia, llavors és el mateix govern qui atempta contra les institucions de la Nació, que en no acceptar cap mena d’oposició i fer ús arbitràriament de la policia pretén apropiar-se-les, i, com que és antidemocràtic pretendre apropiar-se-les, atempta contra tot el poble sobirà, ergo és el govern qui ha fet un cop d’estat.